Hollywood, cuesta abajo y sin frenos

La lista de despropósitos recientes arrojados al mercado por Hollywood es larga. Ellos las llaman “remakes”, “precuelas” o “mega producción con miles de millones invertidos en efectos especiales”, pero para muchos espectadores, estas cintas únicamente representan el concepto de la muerte de las ideas en la industria del cine. Al menos, las ideas huelen a rancio en buena parte del cine “comercial”, así llamado por buscar llenar taquillas y facturar millones.

En realidad, es respetable que la “industria” cinematográfica quiera ganar dinero, pero también, en ocasiones, sería deseable producir películas y cine de verdad, para el que hace falta mucho menos dinero, menos efectos especiales, pero sí hace falta más talento y buenas ideas y creatividad.

“Remakes” o “precuelas” de “El equipo A”, “Karate kid”, “Miami Vice”, “Halloween”…desde hace varios años, la industria comercial cinematográfica nos tortura con ejercicios de revisión -¿revisionismo cinematográfico, quizá?- de muchos de nuestros referentes audiovisuales más recientes, con las aviesas intenciones de destrozarlos y, además, intentar hacer colar como el verdadero clásico de culto a la cutre nueva versión denominada “precuela” o “remake”.

El hecho de que Hollywood invierta miles de millones de dólares en producir, promocionar y distribuir semejantes mamarrachadas, que recurren a la manipulación de los recuerdos, a la destrucción con ensañamiento de nuestro pasado fílmico o televisivo, no mejora ni un ápice la pésima valoración que se puede hacer de esa lucha constante que Hollywood parece mantener contra la inteligencia y contra las nuevas ideas creativas. Si no tienen ideas, recurrir constantemente a desenterrar ideas que ya triunfaron en el pasado parece ser una premisa de la industria cinematográfica actual. Otra premisa es invertir miles de millones en efectos especiales para lanzar al mercado truños como “Me abstengo de poner el nombre, pero es muy conocida”, o cualquier otra petardada similar.

Efectos sin alma

Partiendo de esta segunda premisa, mega producciones plagadas de efectos especiales, virtuosismos técnicos, miles de millones de inversión, pero sin alma ni contenido verdadero -ni mucho menos un buen guión, una buena historia, personajes, alma-, tampoco mejora la imagen que la industria transmite. Además, las nuevas modas de las películas en 3D o realizadas íntegramente con ordenadores, o mezclando ordenadores con actores reales, inciden en el hecho del agotamiento de las ideas. Por ese motivo, porque no tienen ideas, Hollywood se concentra en las mejoras técnicas y en el virtuosismo. Lejos quedó ya aquella factoría que producía buenas películas, gastando menos dinero y consiguiendo filmes que hoy en día son clásicos.

Cuanto más dinero me digan que se han gastado en una película, y cuanto más me describan lo gastado en efectos especiales, menos ganas me entran de verla y me pongo más en guardia sobre la calidad del producto cultural arrojado al mercado.

Al Hollywood actual no lo veo capaz de competir en ideas y buen cine con cualquier producto independiente y recordemos que, con tan sólo lo que se gastan en crear una habitación de decoración de una gran producción como “Avatar”, se pueden producir varias buenas películas. “BladeRunner” se rodó con mucho menos dinero y ahí está, considerada película de culto. ¿Será “Avatar” considerada una película de culto dentro de 28 años? Sinceramente, lo dudo mucho.

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