Propiedad intelectual: una ley para gobernarlos a todos

Foto (C) artcalin - Fotolia/Photoxpress
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En ocasiones leo comentarios, foros, y ‘blogs’ de algunos mal llamados ‘gurús’ de Internet -¿reparten ese emblema de gurú en alguna feria ambulante?- y localizo muchas veces las mismas tergiversaciones de los conceptos para justificar lo injustificable. Siguen camuflando las descargas de archivos protegidos por derechos de autor usando a veces el peligroso argumento de la Libertad de Expresión.
Lo cierto es que, de momento, lo que se puede afirmar con claridad es que nada justifica la acción de apropiarse de un producto sin pagarlo. Con cualquier otro producto eso es robar, con la cultura no. ¿Por qué? Cuestión de conceptos sin actualizar en las leyes, o sencillamente manipulados para favorecer la versión que abraza la corriente más ruidosa.

La “Ley Sinde” no es la mejor de las leyes, es errónea en varios planteamientos, no ha conseguido ser ‘una ley para gobernarlos a todos’ (parafraseando a Tolkien), pero en buena medida abre un camino para empezar a legislar Internet, que a veces se comporta como un ejército bárbaro que arrasa con todo. Después de esa norma deberían llegar otras, redactadas teniendo en cuenta las peculiaridades específicas de Internet, distintas al “mundo real”.

En buena medida, la “Ley Sinde” no puede lograr el consenso de una de las dos partes en conflicto -una parte de los Internautas- porque un porcentaje de las personas que usan Internet están abonados al “todo gratis” y no quieren salir de ahí. No van a pagar nunca por nada. Por lo tanto, esa parte de los usuarios de Internet busca el arropo de otros iguales en comentarios, y se aferran a argumentos trasnochados, olvidando llamar a las cosas por su nombre. Si no quieres pagar, no pagues, pero no te apropies de las cosas sin permiso. En lenguaje llano esa acción de apropiarse de cosas sin permiso tiene un nombre, pero todavía el concepto no se ha trasladado al sistema legislativo porque se trata de un fenómeno bastante nuevo.

Pero hay algo que todavía resulta más irritante para cualquier creador. El autor de cualquier tipo de obra es libre de decidir, a su propio y único criterio, si quiere cobrar por su creación y si quiere cobrar cada vez que esa creación se utiliza. No es decisión de los internautas, entendidos como masa heterogénea, ni tampoco de los presuntos ‘gurús’, fijar si determinada obra debe estar disponible gratis en Internet, sin consentimiento del autor o los gestores de sus derechos. En este sentido, tampoco es asunto de los internautas ni de los gurús decidir si “el mercado ha muerto” o si los creadores o artistas de obras musicales, cinematográficas o gráficas, deben dedicarse a otra cosa para ganarse la vida y ofrecer sus creaciones gratis por pura afición.

Si todos deben poner algo de su parte para lograr regulaciones -unas Reglas del Juego-, distintas a la Ley Sinde o partiendo de ella con mejoras, que aglutinen una normalización sensata de Internet, está claro que quienes deben ceder más son los que continúan descargando sin consentimiento -todos los días, a todas horas-, quienes llenan su disco duro con películas, fotografías, canciones, u otras creaciones, sin pagar al creador o su gestor de derechos por ellas.
Por el momento, no se tiene noticia de ningún artista que haya entrado a la casa de ningún internauta a robarle yogures de su nevera. Por lo tanto, es el lado Internauta el que más debe cambiar su actitud para conseguir un buen entendimiento.


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