La industria cultural española ve pasar el tren, sin subirse

Y ahora, algo totalmente diferente… Los Monty Python hicieron popular la frase anterior que da inicio a este artículo (y muchas otras frases) cuando querían cambiar a otro gag diferente. En este artículo, por lo tanto, aportaremos una visión distinta a la que habitualmente suelo describir en defensa de los derechos de autor.

El rapapolvo va ahora para la industria cinematográfica y la industria musical española. Da la sensación de que las industrias del cine y la música en España están como las vacas, mirando pasar el tren de la modernidad y el avance hacia el futuro, mientras el otro tren, el de la piratería, avanza en su mundo paralelo y arrasa con todo. Si no existe una oferta legal y completa ofrecida por la industria, con los catálogos y los contenidos de la industria fuera de catálogo también a disposición del usuario de Internet, no será posible avanzar en la creación de un modelo de negocio compatible con la Red de redes. Es incomprensible que todavía, a día de hoy, sea imposible acceder legalmente en Internet, a la carta y previo pago de algún modelo de suscripción o pago por uso, a cualquier película o producción musical desde España. El ejemplo Netflix, que monetiza las producciones para ofrecerlas en Internet, todavía no encuentra en España una réplica fuerte y atractiva.

Por ejemplo, la experiencia en la página web ADNStream www.adnstream.com con una mezcla entre contenidos gratis y contenidos ‘premium’, puede ser una vía a seguir, realizando los cambios pertinentes para que la plataforma y la oferta sea atractiva y amplia para el mayor espectro de usuarios posible. Lo que está claro es que la industria española debe ponerse las pilas, y ser capaz de ofrecer todos los contenidos almacenados, incluso aquellas películas de serie B, o cine marginal: todo lo que en su momento fue editado en las décadas de los años 60, 70, 80, 90, y llegó a las estanterías de los videoclubes españoles debería estar disponible para su visualización en Internet, bien sea gratis (por ser contenidos cuyos derechos de autor caducaron, o son contenidos de interés únicamente para pequeños grupos reducidos), o bien a través de pago por suscripción de acceso a todo el catálogo.

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