Claves para entender el daño que el Huffington Post causará al periodismo digital

 

Portada Huffington Post
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El Huffington Post anunció su lanzamiento en España, a bombo y platillo, de la mano de PRISA, lo cual pudo hacer pensar -erróneamente- que al contar con el apoyo de la gran corporación mediática española el proyecto iría más allá de ser un “agregador de contenidos”, más o menos como Menéame.

Dejando de lado la cuestionable estética naif del proyecto -cuya primera portada, ilustrando este artículo, deja entrever con claridad las grandes carencias de la cabecera- resulta interesante analizar cómo el modelo de negocio promovido por Huffington Post podría dañar – todavía está por ver con qué consecuencias y en qué profundidad- al periodismo digital en su conjunto.

Los escritores no recibirán ninguna remuneración. Entiéndase alguna salvedad: no cobrarán los que no sean “columnistas estrella”. También estará remunerada la directora de la edición española, la periodista Monserrat Domínguez, y sus colaboradores directos. Domínguez ha justificado esta falta de pago a los escritores esgrimiendo el argumento de la exposición y prestigio.

Dejando de lado el argumento lanzado por Monserrat Domínguez para no pagar a los escritores, este detalle, uno de los más polémicos, no es nuevo. En los medios digitales, muchas cabeceras pequeñas no pagan las colaboraciones. Sin embargo, hay una diferencia objetiva en la causa para la ausencia de pago.

La diferencia fundamental entre un pequeño medio digital y el Huffington Post es que, mientras el primero no tiene recursos, Huffington Post es una gran corporación sustentada por fuertes inversiones. También, el Huffington recibe grandes campañas publicitarias y se trata, sin duda, de una empresa solvente desde el punto de vista económico.

Por lo tanto, no pagar no es ya una elección forzada por las carencias, sino una política elegida voluntariamente guiada por la avaricia de la corporación que edita el medio digital.

El argumento del “prestigio” y la “exposición”, esgrimido por Domínguez para contestar a las numerosas críticas recibidas, es tan poco sólido como fue su primera portada.

El contenido no es el Rey, la noticia es el propio medio. En el Huffington Post el contenido es lo de menos, lo importante es el medio. El contenido ni siquiera es, en muchos casos, original al tratarse de resúmenes, fritangas de otros medios o enlaces agregados de otras publicaciones digitales.

Llegamos por tanto a una nueva evolución -quizá más bien involución- donde el contenido ya no es el rey, apenas tiene valor y lo que tiene valor es el soporte de la cabecera.

Sería un escenario en el que el propio medio es la noticia. Por lo tanto, el proyecto está lejos de ser considerado periodismo digital: el Huffington es un mero agregador de contenidos.

Más todavía: el Huffington Post no vende los contenidos que alberga, no vende las noticias. Muy al contrario, el Huffington se vende a sí mismo. Desde esa percepción, podríamos deducir la muerte del contenido y desear larga vida al soporte como Rey.

Pérdida de valor del contenido. Esta pérdida de valor del contenido, desde el punto de vista monetario y también estructural de la publicación, afectará negativamente a todo el conjunto de los medios digitales. Aportará una nueva vuelta de tuerca contra los periodistas y generadores de contenido dentro de una profesión como la periodística ya de por sí bastante depauperada.

Además, también hay que tener en cuenta el mercado de las noticias de pago en Internet, mediante suscripciones o descargas, algo que también puede verse perjudicado por la salida al mercado de un nuevo actor, el Huffington, que valora tan poco el contenido.

De esta forma, se puede fomentar la idea de carencia de valor -gratuidad, no hay que pagar porque el contenido no tiene valor- que podría arruinar el nuevo nicho de mercado de las noticias de pago que muchos medios digitales intentan implantar para subsistir.

Por último, cabe preguntarse ¿qué hubiera pasado si PRISA no estuviera detrás de este lanzamiento? Seguramente, si el Huffington Post -con otro nombre y lanzado por empresarios independientes- no hubiera contado con el apoyo de la gran corporación mediática española, las redes sociales hubieran caído sobre ellos con toda su fuerza, y en segundo lugar el experimento no hubiera pasado de ser una mera anécdota como una versión visual de Menéame.

Aunque este último vaticinio, el del experimento anecdótico, parece que por desgracia va camino de cumplirse.

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