El valor de las palabras

elvalordelaspalabrasEn Internet, un lugar maravilloso a medias donde en su parte más turbia el ruido es el rey y la mediocridad es la reina, el valor de las palabras no es igual dependiendo del emisor.

Acepto, sin embargo, el hecho irrefutable de la bajada de calidad del periodismo profesional. Reducción de plantillas, becarios, manipulación, producción y difusión de noticias sin contrastar…

Tenemos tristes ejemplos recientes de periodismo de mala calidad ejercido desde las grandes cabeceras nacionales. En este contexto no es extraño, por lo tanto, que el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) suspenda a los periodistas.

La citada pérdida de calidad de la prensa convencional -común a todas las grandes cabeceras- ha llegado acuciada de forma notable por la crisis económica y publicitaria que ha afectado de forma terrible a la calidad de las noticias. También, por otro lado, un modelo en plena vorágine revolucionaria con la red como bandera del cambio.

Pero tengo la absoluta certeza de que esa evidente bajada de calidad en el periodismo profesional no justifica, de ninguna manera, que el usuario de internet traslade su confianza informativa hacia otros canales donde la credibilidad es nula o casi cero.

  • Marca empresarial y marca periodística personal

La gran y crucial diferencia radica en el diferente valor de las palabras de una gran cabecera regional como El Diario Montañés (www.eldiariomontanes.es) frente a los mensajes en Twitter, blog, foros o comentarios que puede difundir “Juan Nadie”, “Trastolillo”, “Pantera Rosa” o cualquier otro usuario más o menos anónimo.

Por ejemplo, si el citado periódico cántabro difunde en su edición digital o impresa que ha habido un accidente de tráfico con una víctima mortal en un determinado punto de una carretera, podemos estar seguros de que el hecho informativo se ha producido y ha sucedido, más o menos, en los términos publicados por la marca periodística empresarial.

Tenemos, además de la garantía de la marca periodística empresarial, el factor de la marca personal del periodista. En los artículos firmados, el periodista también aporta su garantía, su nombre como marca personal.

Por lo tanto, dos garantías que, pese a que los errores existen (podemos recordar la falsa fotografía de Hugo Chávez difundida por El País) y en ocasiones también la difusión de noticias manipuladas, no existe punto de comparación con el valor de las palabras anónimas.

¿Existe algún tipo de garantía en los mensajes creados o difundidos por “Juan Nadie” o por “Trastolillo”? En absoluto. Los mensajes anónimos carecen de marca personal (un anónimo no es ni siquiera una persona real, tan solo un “nick”) y su credibilidad tiende a cero.

  • ¿Quién dice qué?

La marca empresarial que sostiene una empresa periodística como El País, El Mundo, El Diario Montañés, o La Marea, unida a la propia marca personal del periodista, no tiene nada que ver en su poder y en su valor como palabra con la marca “anónima”, ni tampoco con el ‘retuiteo’ inconsciente de informaciones sin contrastar, carentes de valor.

Pese a que cientos o miles de usuarios otorguen un valor a los contenidos difundidos por otros usuarios a quienes ven como afines, los contenidos carecen del valor de las palabras que se presupone, por dos vías, a los contenidos periodísticos elaborados por profesionales con marca personal y por empresas periodísticas con marca empresarial.

Por lo tanto, en la red es cada día más necesario desconfiar y preguntar: “¿quién dice qué?” para filtrar de forma conveniente los mensajes con credibilidad y los mensajes sin ningún tipo de fiabilidad. Desde este punto de vista, la pregunta crucial a realizar en Internet es esa, mucho más allá del simple “¿qué?” como pregunta de un hecho que puede ser o no verdad dependiendo del valor de las palabras según el emisor.

Así limpiaremos los mensajes llenos de ruido, y también, si nos remitimos al currículum vítae del emisor del mensaje, podremos filtrar de forma igualmente eficaz los globos sonda enviados por presuntos expertos y falsos gurús. “¿Quién dice qué?” es la pregunta clave en nuestros días para efectuar una eficaz labor de filtrado de contenidos.

Es cierto que el mal periodismo se ha ganado a pulso la mala nota que los ciudadanos han otorgado a la profesión en la encuesta del CIS, pero en nuestra mano está como profesionales volver a conquistar al lector y hacerle entender que nuestro trabajo, y las palabras volcadas en nuestros contenidos, tienen mucho más valor y credibilidad.