El periodismo y el “perrodismo”

La terrible tragedia ferroviaria en Santiago ha dejado muestras de lo peor -y también de lo mejor- del periodismo patrio. En varios casos, algunas cabeceras periodísticas han hundido la línea de flotación del periodismo de calidad para caer en el abismo haciendo “perrodismo”, un término que en ocasiones ya se ha utilizado para denostar lo peor de la profesión.

Me gustaría definir, a mi manera, este “perrodismo” como una degradación, llevada al extremo, de los pilares básicos del periodismo. Se podría entender, entonces, que el “perrodismo” escenifica la exageración de la búsqueda de los detalles de la noticia para llegar al morbo, ahondar en la tragedia buscando atraer al lector más morboso, o para crear piezas de dudoso interés informativo a través de anécdotas sin importancia.

En este sentido, el “perrodista” que ejerce el “perrodismo” no busca información razonada y ponderada con un criterio lógico y sensato, sino que olisquea las pistas para llegar al morbo, como si se tratase de un perro husmeando comida.

Facebook y telefonillos

fotos1159Sin duda, dos de las peores muestras del más lamentable “perrodismo” fueron las piezas “informativas” que los medios difundieron utilizando como fuente principal la cuenta personal en Facebook del maquinista, y otra pieza de una ‘profunda’ investigación de campo picando telefonillos en la zona donde reside el conductor.

En el periódico La Razón alguien decidió que enviar a un periodista a picar telefonillos a la calle donde residía el maquinista del tren siniestrado era justificación más que de sobra para cinco años de carrera en la universidad. Alguien pensó que aquello era periodismo. Esto así, como consecuencia lógica de la falta de criterio sobre el periodismo pero un talento innegable para el “perrodismo” más cuestionable.

fotos1160La otra pieza “informativa” que destaca como ejemplo de “perrodismo” por su ensañamiento en la anécdota, descontextualización de declaraciones, falta de criterio e interés, fue la publicación de varios comentarios provenientes de la cuenta del maquinista en la red social Facebook.

Comentarios que habían sido escritos hace más de un año y en tono, más que probable, de broma. ¿Qué interés informativo tienen esos comentarios vertidos en una cuenta personal en una red social?

Algo así, sacado de contexto, hizo pensar a varios periodistas (de varios medios distintos, en esto cayeron casi todos los grandes: El País, El Mundo, La Vanguardia…) que aquello tenía interés informativo. Sin embargo, el apaleamiento de muchos lectores en los comentarios, ante estas distintas piezas de desinformación, fue bastante notable.

No todo ha sido malo, por supuesto, muchas de las informaciones publicadas sobre la tragedia han sido correctas, aunque quizá conviene matizar las zonas oscuras para no volver a caer en ellas.

En el apartado positivo, destacar la conexión en directo con Vicente Vallés (Antena 3) desplazado al lugar del suceso y manteniendo el tipo con dignidad durante varias horas de retransmisión. Sin caer en el sensacionalismo barato que ha teñido muchas otras piezas informativas sobre el mismo tema.

Como vemos, luces y sombras en la cobertura de una de las más grandes tragedias sufridas en España.

Los hechos, o más bien la forma de tratar los hechos informativamente hablando, deberían hacernos reflexionar sobre la forma de informar y sobre si, en ocasiones, no estaremos sobrepasando la línea del periodismo para ir más allá y caer en el más bajo “perrodismo”.

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