De boicoteos, intolerancia y otras hierbas

Aquel primer boicot a un programa de televisión (el caso La Noria) estrujándoles por donde más les duele -la cartera- abrió la veda: ahora, cualquier individuo suelto por la red puede iniciar una campaña contra algo o contra alguien. A bocajarro. Contra cualquier idea que no le guste. Contra cualquier programa que no sea de su agrado.

La red, la herramienta de comunicación más maravillosa y rompedora desde la invención de la imprenta, se está llenando de una densa y peligrosa corriente de intolerancia. Es una situación triste y que debe ser corregida.

Una corriente de ataque y acoso. Contra programas, contra cadenas, contra presentadores, contra periodistas o contra marcas. Lo mismo da, con tal de satisfacer el sentimiento de intolerancia de quien es incapaz de aceptar que existen, existieron y existirán, ideas y formas de vivir diferentes a las suyas. El problema es de índole psicológico y está en la persona que lanza este tipo de campañas. A veces la persona que secunda se funde en una masa y, sin pensar mucho, se une a la corriente de intolerancia.

La plataforma Hazte Oír -que recientemente lanzó una fracasada campaña contra los anunciantes de otro programa de Tele 5 sobre un campamento veraniego- es una más de muchas agrupaciones de personas o personas a título individual de las que están cayendo en el error de ver la realidad tintada únicamente con el prisma de sus prejuicios, lo cual quiere decir que se pierden la enorme variedad de colores del espectro vital.

Digamos, de una forma más poética, que si contemplan una puesta de sol ellos solo ven el color rojo, no ven anaranjados, azulados y otros tonos, se pierden, por lo tanto, la espectacularidad de la naturaleza, que es variada, rica, flexible y tolerante.

Pero un buen día, un alto directivo de una marca relevante (Marcos de Quinto, presidente de Coca Cola en España) decidió no plegarse a la amenaza de acoso de la citada plataforma.

Y emitió juicios bastante sensatos y razonados para explicar que su empresa no se plegaría a ese boicot. A cambio, sin embargo, recibió ataques e insultos. Más acoso. Nuevamente, como indiqué antes, necesitamos hablar sobre psicología y que un profesional analice a las personas que acosan al raciocinio. Que les analicen la ansiedad.

No podemos permitir que la red se convierta en un canal de acoso y derribo. Intercambio de ideas y debates encendidos sí, pero acosos, boicots a la ligera e intolerancia, no.

En resumen, lo que más hace falta en esta sociedad conectada, en la ciudadanía más social y enlazada tecnológicamente que se conoce es tolerancia y flexibilidad: hacia las ideas del otro y hacia los gustos del otro; sean o no de nuestro agrado.