Nuestro viejo amigo el periodismo

El mundo del periodismo se ha visto conmocionado con la noticia de la muerte del grandioso reportero -y magnífica persona, según cuentan quienes le conocieron- Manu Leguineche.

Hoy es el día de reivindicar el periodismo como profesión. En la incesante hilera de recuerdos que han brotado de miles de periodistas por la muerte de Leguineche destacaba su libro “La tribu”, uno de los primeros libros sobre la profesión que cayó en mis manos. De esos libros que marcan por muchas razones. En papel, con olor a tinta y olor a vida auténtica. A vida realmente vivida. Páginas y personas que marcan el estilo del buen periodismo, plumas que brillan hacia el futuro y ejemplos de una vieja profesión hoy depauperada.

En estos días creo que es más necesario que nunca reivindicar el valor clave de la figura del periodista, garante de nuestro viejo amigo, el periodismo. El buen periodista ve la realidad y la cuenta aportando claves que el lector necesita para interpretar el mundo, y el buen periodista cuenta y descubre las realidades que otros querían ocultar.

El viejo lobo de mar respeta y teme al mar pero conoce sus rutas, como el viejo periodista que se sabe las triquiñuelas del poder y los trucos de un oficio que, ante todo, debe ser humano y decantarse por contar lo que alguien no quiere que se cuente. Dar voz a quienes no la tienen. Ser honesto, libre y olvidarse de ataduras accionariales. Un periodista de raza. Recuperar al amigo, al hermano, al colega e incluso al enemigo periodista. Dentro de todos late el amor a la verdad y el amor a contar historias.

Todavía se siente emoción cuando se recuerda a la primera persona que una vez dijo a un joven periodista eso de “siéntate aquí, chaval” que describió Arturo Pérez Reverte. Ese periodista, perro viejo, alma con sed de verdad , que acogía a un periodista joven y le enseña los entresijos del oficio, y también, porqué no, de la vida misma.

Hoy ya está casi desaparecida esa figura: el maestro, el guía espiritual que tutela al joven plumilla. El periodismo de hoy en día se ejerce a baja intensidad, con un bajo perfil, con pocas ganas de comer.

Sin embargo nuestro viejo amigo el periodismo tiene futuro. Larga vida al buen periodismo. Larga vida a los buenos periodistas.