Alimentar al monstruo: caso ‘Series Yonkis’

yonkis2035

 

 

 

El caso de las populares webs de descargas “Series Yonkis” y “Pelis Yonkis” se ha vuelto surrealista. Después de cerrar la posibilidad de realizar descargas a sus millones de ansiosos usuarios y rellenar su página web con múltiples “trampas” mediante mensajes SMS Premium entre otras lindezas -a poco que el usuario se despiste al visitar esas páginas, virus y otras maravillas infectarán su ordenador- pocos días después apareció un “clon” (copia) de la web, al parecer con origen en Rusia.

Pero el detalle surrealista ha venido poco después cuando, según el periódico El Mundo, la empresa Burn Media –sí, porque es una empresa con afán de lucro, no es una ONG- propietaria de Series Yonkis dijo al citado rotativo que planeaba iniciar los trámites para solicitar el bloqueo de la nueva página web, que cuenta con enlaces activos a descargas y contenidos en ‘streaming’. En resumen: los responsables de una web que se ha lucrado a través de la publicidad ofreciendo contenido ajeno y sujeto a los derechos de autor, atropellando la propiedad intelectual de cientos de empresas y autores, reclaman para sí los derechos de autor y propiedad intelectual que deniegan a otros. Como poco surrealista.

Pero aún hay más: muchas de estas páginas de descargas son defendidas por ejércitos de personas en aras de una falsa y pretendida defensa de la “cultura libre” y la difusión bajo el axioma de “compartir”.

La hermosa palabra “compartir” ha sido prostituida por los filibusteros de la red en su propio beneficio económico. Han pervertido el significado de compartir para convertirlo en una falacia relacionada con un falso sentido de un Robin Hood perverso que roba pero no comparte beneficios. Un Robin Hood perverso representado por los impulsores de estas páginas de descargas que operan en su propio y único beneficio, sin pensar en el pretendido “bien común” al que han ligado a un artificial discurso de falsa bondad y falsa solidaridad. Estas y otras páginas no son organizaciones solidarias, no son hermanitas de la caridad y no son, ni mucho menos, paladines de la cultura, la libertad y la democracia, como algunos intentan hacer ver de forma interesadamente equivocada.

Por desgracia hay gente que se ha tragado la patraña creada alrededor de la manipulación de la palabra “compartir” contenidos protegidos por derechos de autor, personas que contribuyen alimentando al monstruo para enriquecer a los dueños de esas páginas de enlaces que no comparten sus enormes beneficios económicos ni con los voluntariosos usuarios que creen en la bondad de “compartir” ni con los legítimos creadores o gestores de los productos culturales. Quizá hace falta repetirlo: los únicos que se enriquecen económicamente son los dueños de las páginas de descargas. Y se lucran mucho: la publicidad genera enormes beneficios para estas páginas tan populares de descargas. No se puede justificar la visión ingenua que identifica a estos promotores de páginas de descargas como nuevos “paladines de la libertad”.

Sin embargo, la industria cultural también es culpable de esta situación. Especialmente la industria cultural española, porque otro asunto relacionado con este tema es el intolerable retraso que tiene la industria española en crear una plataforma o fórmula adecuada para la distribución en el nuevo contexto: fiascos como Filmin (https://www.filmin.es/) y el freno a experiencias exitosas como Netflix deberían hacer reflexionar a los actores principales de la industria: no se puede poner puertas al campo, y si los contenidos no se ofrecen en la red de forma legal, inmediata y asequible, siempre habrá quien los ofrezca de forma ilegal.

Hay que evolucionar de forma inmediata para dejar de alimentar al monstruo de la piratería, representado por empresas privadas –páginas de descargas- que operan con afán de lucro pero no comparten sus beneficios.