¿Qué aportan las páginas de descargas ilegales a la cultura y a la economía de España?

Comunicado de Series.ly anunciando la eliminación de enlaces ilegales
Comunicado de Series.ly anunciando la eliminación de enlaces ilegales

Las páginas de descargas como Películas Pepito, Series Pepito, y Series.ly están desapareciendo en una intensa cascada que parece imparable, desde que los cambios legales dieran inicio a la caída en cadena de algunas de las plataformas más grandes para descargar contenidos de todo tipo sin permiso de sus autores o de sus representantes legales.

Frente a esos cierres, voluntarios en muchos casos -como adaptación a la nueva normativa que recoge incluso penas de cárcel para estas actividades-, y forzados por las autoridades en otros casos, el argumentario de sus miles de defensores se repite hasta la saciedad. En noticias de periódicos, foros, blogs y redes sociales se repiten los mismos “argumentos”. Les han enseñado a repetir como loros una serie de falacias que son fáciles de desmontar una por una.

Argumentario surrealista

  • Mezclar piratería y libertad de expresión: Entre los argumentos más repetidos por los defensores de estas cuevas de Alí Babá está el recurso constante a la “libertad de expresión”. Se rasgan las vestiduras confundiendo la “censura” con su propia ansiedad por quedarse sin contenidos gratis, y “olvidan” el codicioso afán de lucro de los dueños de las páginas de descargas.

Es el argumento más peligroso de todos ellos, pues desde hace tiempo se promueve una falaz confusión deliberada entre piratería y libertad de expresión. Se trata de un tema tan serio que no se puede tomar tan a la ligera como para incluir la piratería de contenidos dentro de la libertad de expresión. La libertad de expresión es un bien sagrado y hermoso, una delicada flor que es obligatorio proteger y defender para mantener un estado democrático.

Pero una página con publicidad y afán de lucro que difunde un enlace a Mega que contiene la película completa “Ocho apellidos vascos” no es libertad de expresión: es un lucrativo negocio sustentado en la publicidad.

Cuando se cierra una de estas páginas de descargas ilegales, no se está ejerciendo la censura: se pone fin a una actividad económica inmoral y probablemente ilícita en la que los legítimos creadores de los contenidos no han visto ni un duro de beneficio pero los impulsores de las páginas de descargas han llenado bien sus cuentas bancarias. La libertad de expresión es otra cosa muy diferente: un tema demasiado serio como para dar cabida a la falaz confusión argumental de mezclar la piratería con la defensa de la libre expresión. En todas estas páginas de descargas hay afán de lucro -intenso afán e incluso avaricioso- en forma de páginas plagadas con publicidad y la libertad de expresión no tiene nada que ver con eso.

  • “Las páginas de descargas democratizan la cultura”: Lo cierto es que las páginas de descargas ilegales no democratizan la cultura, muy al contrario, la destruyen. Al igual que los políticos prostituyeron el sentido de hermosas palabras como “rescate”, también se ha tergiversado el sentido de la palabra “compartir”.  Se puede compartir lo propio, pero no está bien compartir lo que no es propiedad ni creación de uno mismo, y todavía peor hacerlo con afán de lucro y sin remunerar a los legítimos creadores o propietarios.

Esa actividad (compartir o aportar lo que no es propio) no contribuye a la democratización, más bien contribuye a destruir o limitar las posibilidades de que se generen nuevos contenidos culturales. Si cada contenido (película, disco, libro, fotografía…) va a ser pirateado inmediatamente, esto lógicamente frenará la creación de nuevos contenidos.

Cuando se cierra una de estas páginas se pone fin a una actividad económica parasitaria y egoísta que no aporta apenas nada a la economía de España, y menos todavía al sector cultural. Si comparamos los miles de empleos en todo el sector cultural que se han perdido en España por culpa directa o indirecta de la piratería, con los 3 ó 4 sueldos de los listos que montan cualquiera de estas páginas, es evidente que la balanza está muy desequilibrada. ¿Qué empleo generan Series Yonkis, Películas Pepito o Series.ly? ¿Lo comparamos con cuánto empleo han destruido? Eso no es democratizar: es parasitar y destruir.

  • “Descargo porque los libros/las películas/los discos son caros”/”Descargo porque no tengo dinero”: Si vamos a la frutería y el kilo de manzanas está “caro” ¿eso justifica robar las manzanas? El argumento es tan pueril que se cae por su propio peso. Por esa regla de tres, si seguimos esa argumentación de parvulario, como las entradas de cine son caras, colarse para ver las películas estaría justificado. También estaría justificado robar un Ferrari: como no tengo dinero suficiente, cojo el coche. Creo que no es necesario abundar más en la estupidez de esa falacia argumental.

Sin embargo, hay una cosa muy clara y no es la primera vez que lo digo: la industria cultural española no se ha adaptado y casi se podría afirmar que se está pegando un tiro en el pie. No es de recibo que muchos contenidos no estén disponibles en una plataforma legal de pago y que el único acceso disponible sea el recurso a la piratería.

Lo cierto es que cuanto más se tarde en evolucionar desde la industria cultural, más usuarios se habrán perdido abonándose a la piratería y al “todo gratis” y será más difícil convencer (educar) a esas personas -acostumbradas a tenerlo todo gratis- de que tienen que pagar por los contenidos. Lo que queda también muy claro por mi parte es que los impulsores de Series.ly, SeriesYonkis o cualquier otra página ilegal de descargas no son interlocutores válidos para dialogar con la industria y con las administraciones a la hora de llegar a un necesario acuerdo entre todos los protagonistas para poner fin a la actual situación de saqueo a la cultura.

Y volviendo al principio, a la pregunta inicial de este artículo, la respuesta es nada. Estas páginas de descargas no aportan nada a la economía y a la cultura de España.