La foto

  • Sí, la imagen debía y debe publicarse
  • La imagen representa, con su plácida quietud, la inquietud del horror

La foto del niño ahogado, esa imagen de Aylan Kurdi que sigue dando la vuelta al mundo, ha servido para remover conciencias y para abrir muchos ojos que, hasta entonces, estaban vergonzosamente tapados con hedonismo.

Al ver la imagen, esta primero te pega un duro golpe en el corazón. Las fibras internas se tambalean y, durante unas horas, casi durante varios días, se queda impregnada en la memoria.

La fotografía, sin embargo, carece de elementos truculentos. Es puro impacto por sí misma, y por la quietud y el sosiego con los que representa gráficamente el horror. Es una representación estética del horror.

La pregunta circuló en muchas redacciones de periódicos durante aquel día: “¿Debemos publicar esta fotografía?”.

Y mi respuesta como profesional del periodismo y de la fotografía llegó varias horas después, mientras reflexionaba y asimilaba las consecuencias que esa imagen iba dejando en mi interior. Sí, la imagen debía y debe publicarse.

En primer lugar, como he indicado más arriba, la imagen carece de elementos truculentos como sangre, heridas, u otros elementos que en muchas ocasiones pueden dar lugar a debates periodísticos sobre la necesidad de publicación de imágenes tan gráficas en las portadas de los periódicos.

Y, en segundo lugar, la imagen documenta, con apenas unos trazos, toda una historia de tragedia humana: detrás de esa foto, en la que se ve el cuerpo de un pequeño, hay millones de personas. Millones de trágicas historias de huida y desesperación. Con un valor documental e informativo incalculable, la imagen representa, con su plácida quietud, la inquietud del horror. Es difícil encontrar imágenes más poderosas con elementos plásticos más suaves.

Los límites del periodismo gráfico se pueden trazar en la ética y en el gusto estético. Pero ante todo debe haber información, tanto si esta es estética como si no lo es. Esta fotografía del pequeño Aylan Kurdi muerto en la playa, ha superado con creces todos los parámetros para convertirse, casi con toda seguridad, en un mítico icono del reporterismo fotográfico que pervivirá durante años.

Gracias a imágenes como esta, quizá la próxima vez que seamos testigos de duros dramas humanos, no nos taparemos la vista con nuestro falso paraíso de comodidad egoísta y hedonista.