La creciente crispación en la esfera pública española

cantabria_diario_fotografias4559España tiene un grave problema. Existe una evidente falta de tolerancia y respeto, y los cada vez más frecuentes y crueles linchamientos en las redes sociales son una muestra más de esta situación.

A ese problema se suma otro, no menos pequeño: un pervertido esquema del éxito digital en el que se premia con fama y dinero a individuos sin ningún talento, como el videógrafo presuntuoso ElRubius, mientras se condena al ostracismo a periodistas, escritores, actores o creadores de cualquier tipo. En esta perversa pirámide invertida, los mediocres conquistan el éxito y las personas con talento se ven arrinconadas por las furibundas reacciones de una horda de indocumentados e iletrados.

En las redes se ha creado una marabunta rabiosa, densa y amorfa, que pulula por las autopistas de la información armada con sus antorchas virtuales y dispuesta a pegar fuego a cualquier persona que sobresale en la esfera pública. En el pasado quizá era el circo romano la representación más clara de lo que ahora son las redes.

La última de las muchas y desgraciadas cacerías la ha sufrido el actor Dani Rovira, protagonista de la popular cinta “Ocho apellidos vascos”. Rovira presentó la gala de los Premios Goya y, al parecer, su trabajo no fue del agrado de algunos internautas.

Del desagrado, a la crítica. Y de la crítica, que la mayoría de las veces es legítima, al comentario cruel e hiriente, que la mayoría de las veces es ruin e indecente. Sin pasar por el necesario filtro del cerebro, miles de comentarios groseros e insultos injustificados se fueron diseminando por el circo romano cibernético, para regocijo vergonzoso de quienes disfrutan con el escarnio ajeno.

Rovira, guste más o guste menos, es alguien que hace cosas, muchas cosas, en el ámbito creativo. Por el contrario, la marabunta, entendida como ente amorfo, se compone de cientos de miles de personas sin talento. ElRubius es un joven que se graba haciendo bobadas, y consigue millones de reproducciones, y dinero, gracias a esas tonterías huecas, carentes de utilidad, sin arte y sin talento.

Quizá el problema de fondo radica en que Internet, en su conjunto, está viviendo su etapa adolescente, y por ese motivo asistimos al reinado cibernético casi absoluto de los niñatos y de las neuronas revueltas de miles de troles.

Dentro de esa maraña de mala baba, ponzoña y ruido, poco espacio queda para el debate sosegado, para usar la maravillosa herramienta de comunicación que es Internet de forma adulta, responsable y dialogante. Quizá solo el tiempo traerá el sosiego y podremos disfrutar de Internet como lo que es: la mayor y más fascinante herramienta de comunicación desde los tiempos de la imprenta.

Para lograr esa madurez y ese disfrute, necesitamos volver a definir los paradigmas del éxito, de la repercusión, de quién y por qué es famoso. Para que las personas con talento nunca se vuelvan a sentir acosadas. Antes de que sea demasiado tarde. Antes de que la marabunta sea lo único que sobreviva en el ruidoso espacio cibernético.