El ladrillo y el periodismo

  • EL MUNDO cierra el suplemento que editaba en Cantabria desde el año 2008
Última portada de EL MUNDO CANTABRIA / 3 de marzo de 2016
Última portada de EL MUNDO CANTABRIA / 3 de marzo de 2016

No es la primera vez, ni por desgracia será la última. En ocasiones, el periodismo local parece estar demasiado relacionado, peligrosamente mezclado, con negocios alternativos ligados más que nada al convulso sector del ladrillo.

Esa tóxica relación la hemos visto en infinidad de ocasiones: pequeñas emisoras de radio, televisión, o publicaciones periódicas, son impulsadas por familias íntimamente ligadas al mundo de la construcción. Siempre, es obvio, en pos de la pluralidad periodística y sin ningún otro interés al fondo. Por si la frase anterior no fuese lo suficientemente irónica, añadiré que los constructores, esas personas que no regalan ni un mísero microondas con las viviendas que venden, cuando montan un medio de comunicación siempre tienen fines altruistas, de pureza social y desinteresada al 100%.

Para ilustrar la toxicidad de ese tipo de relaciones me remitiré a la ficción, para no ahondar en el daño en la vida real que causan los constructores metidos a emprendedores periodísticos. En la serie de televisión «Aquí no hay quien viva», el padre de uno de los personajes era promotor y dueño de una ficticia empresa de construcción. En uno de los episodios, el promotor monta una emisora de radio pirata que resulta ser todo un éxito de audiencia. El promotor, entonces, aprovecha el éxito de audiencia para que los locutores metan cuñas de las nuevas construcciones de su empresa en todo momento. Muy contento con la marcha de las ventas, el promotor planea ampliar la emisora pirata con más postes para emitir con más potencia. Resulta ingenuo pensar que la íntima relación del promotor con la radio no influía en los contenidos de la emisora, y esa íntima relación era muy evidente en la serie.

Así, con un ejemplo sacado desde la ficción, podemos exponer que el modelo de negocio basado en promotores periodísticos del ladrillo es uno de los cánceres más negativos que el periodismo local tiene hoy en día. El ladrillazo periodístico es una oscura rémora de la que debemos intentar librarnos cuanto antes.

En el ámbito profesional y personal, una de las dos cosas que más me preocupa del cierre de la edición de EL MUNDO CANTABRIA es la situación de mis compañeros periodistas. Cada vez que un empresario del ladrillo monta un medio de comunicación y lo cierra al cabo de pocos años, docenas de buenos periodistas se quedan huérfanos. Pero no sólo ellos se quedan huérfanos de su empleo, la otra cosa que me preocupa es que nos quedamos huérfanos todos porque, cada vez que se cierra un medio de comunicación, se apaga una de las imprescindibles voces críticas que retumban en nuestra conciencia social.