Adiós, Twitter

Logo de Twitter
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Fue bonito mientras duró. En la mayoría de las ocasiones, Twitter fue «muy bonito». Sin embargo, a fecha 15 de abril de 2016, Twitter ha decidido suicidarse. Más en concreto, cuando todas las analíticas posibles marcaban una imparable decadencia de Twitter, sus directivos deciden finiquitar TweetDeck, la aplicación de escritorio para Windows utilizada por cientos de miles de usuarios en todo el mundo. Casi un suicidio.

Me incluyo en la anónima estadística: en mi caso TweetDeck era prácticamente lo único que me unía con la decadente red social Twitter, porque la red del pajarito se había convertido, en los últimos tiempos, en un circo sin sentido, un ágora sin ninguna utilidad más que el sacrificio diario de humanos o marcas.

En un determinado momento, mi teléfono móvil no admitía más aplicaciones absurdas y mi vida laboral no admitía más bobadas adosadas al navegador: si Twitter decidía que ese era su camino, por mi parte era, literalmente, el fin de Twitter.

Si me obligan a utilizar herramientas que no necesito y que además considero que son contraproducentes, como las aplicaciones adheridas a un navegador, pues más motivo para abandonar o, al menos, dejar a la red Twitter como una de las redes “zombi” en las que poca gente quiere estar en este momento.

A día de hoy casi nadie duda de que Twitter vive momentos muy difíciles, tanto desde el punto de vista financiero como desde el punto de vista de uso de su red social. Se me antoja una pregunta: ¿Acaso Twitter pretende ser el nuevo Facebook, red social a través de una web? Si ese fuera el caso, han errado absolutamente en todo: carecen de la empatía con sus usuarios, de la adherencia de esos usuarios a una herramienta determinada, y sobre todo de la justificación. Y ahí nos preguntamos: ¿por qué debemos seguir fieles a una red plagada de insultos, amenazas, acosos, y demás improperios y situaciones inapropiadas?

Twitter prometió en varias ocasiones que limpiaría su red del cuentas trol y de insultos: mintió. Twitter no hizo nada y, al menos en el caso de España, las cuentas más groseras, obsesivas e insultantes, siguen ahí, activas, vivas y coleantes.

En realidad, ese es el más duro problema de Twitter: la red ignora todavía cuál es su objetivo, no saben si quieren ser como Facebook o cualquier otra cosa. En cualquier caso, ha llegado el momento de buscar otro hogar mucho más acogedor. Adiós, Twitter.

El Rey ha muerto: larga vida, Twitter.