La gran mentira de la «economía colaborativa»

La gran mentira de la «economía colaborativa» / Logotipo de la polémica empresa UBER
La gran mentira de la «economía colaborativa» / Logotipo de la polémica empresa UBER

UBER no es una ONG, es una empresa. Existe un claro ánimo de lucro detrás de lo que se pretende maquillar como «economía colaborativa». Lo mismo se puede aplicar a docenas de empresas y marcas que, en muchas ocasiones, vulneran las leyes locales de los países en los que operan, pero se parapetan detrás de conceptos en teoría hermosos pero, en la práctica, manipulados hasta el cinismo. La «economía colaborativa» es, sin duda, una de las grandes mentiras que nos ha tocado vivir en esta era digital. Miles de empleos en todo el mundo están en peligro, por la irrupción de muchas de estas empresas que se parapetan tras una cínica manipulación del lenguaje.

El hecho de que la polémica, especialmente judicial, rodee a aplicaciones como UBER, no es tanto un problema de adaptación del «viejo mundo» que no quiere dar paso al «nuevo mundo»; simplemente es la confrontación entre un colectivo que realiza su actividad de forma legal, cumpliendo las normativas de transporte vigentes en el país, mientras en el otro lado de la barrera hay una empresa que no cumple las normativas.

No niego (lo he comentado varias veces) que es cierto que hay muchas normativas obsoletas e inadecuadas para el tiempo que vivimos, pero también es verdad que todos, tanto los viejos jugadores como los nuevos jugadores, han de tener unas reglas del juego ecuánimes. No es justo que algunos se traigan a la partida su propia baraja de cartas marcadas, jugando con la ventaja de no cumplir las normas que los otros jugadores sí cumplen.

Por mucho que se empeñe Enrique Dans, más allá de la «innovación disruptiva» y del concepto de acción global o local, UBER es mucho más que una mera empresa de tecnología, ya que, a nivel local, esa tecnología se cristaliza en servicios de transporte que no están adaptados a la legalidad vigente. Una actividad económica pura y dura, con un intermediario que se lucra con esa actividad. Hay poco de «economía colaborativa» en esa transacción.

La gran mentira de la «economía colaborativa» radica en la manipulación sentimental del lenguaje. Conceptos tan hermosos como «colaborar», «compartir», son prostituidos por avispados que, en muchas ocasiones, manipulan de manera cínica el lenguaje en su propio beneficio, para rodear a su actividad lucrativa y empresarial de un halo de bondad. Así, nos encontramos desde los que justifican el pirateo y las descargas ilegales con el concepto de «compartir», hasta quienes pretenden entrar a jugar en el campo de una determinada actividad económica, con todas las ventajas, pero sin atender a ninguna de las obligaciones inherentes a esa actividad económica.