Encantadores de serpientes y vendedores de humo

Encantadores de serpientes y vendedores de humo / (C) David Laguillo
Encantadores de serpientes y vendedores de humo / (C) David Laguillo

Si hay un fenómeno reciente, peligroso y negativo vinculado a los sectores creativos y a la comunicación es el del «spec». El término inglés viene de «speculative work» y tiene una fácil explicación: trabajar gratis con la débil promesa, casi siempre falsa, de que “si gusta” podría haber una contraprestación económica. Pero el día de cobrar nunca llega.

Un magnífico vídeo, que ya lleva un tiempo en circulación, plasma esta situación a través de un jeta que visita diversos negocios de distintos sectores, y pide una prueba gratis.

Incluso, a un entrenador le pide todos sus conocimientos, todo su saber hacer y su propiedad intelectual, de forma gratuita. Desde mi punto de vista el momento más simpático se produce cuando un hostelero de cierta edad, curtido en mil batallas, le dice con toda la razón: «lárgate de mi local. Estoy ocupado».

El problema de fondo radica en que, en muchas ocasiones, siempre hay alguien que acaba picando con la cantinela de «ganarás prestigio» o la promesa de futuros trabajos remunerados que nunca llegan, y cede a dar sus conocimientos o su trabajo de forma gratuita.

Esta perversión del mercado de trabajo creativo ha explotado en fechas recientes, y florece cada día más conforme avanzan los tiempos de incertidumbres y cambios radicales en los sistemas de trabajo.

En buena medida, estos vendedores de humo y encantadores de serpientes se aprovechan de la incertidumbre y de la necesidad de fama y reconocimiento. Un refrán español lo define bastante bien: «A río revuelto, ganancia de pescadores», lo que viene a decir que, mientras la confusión reina en una sociedad caótica y cambiante, los jetas como el protagonista del vídeo tendrán al alcance de su mano a miles de pardillos dispuestos a tragar con la falsa promesa de fama o encargos futuros.

Debemos protegernos de los caraduras: cualquier empresa o persona que necesite un trabajo creativo o de comunicación tiene que saber que debe pagar desde el primer momento, no jugar a una especulación tramposa que siempre acaba en frustración.

La moraleja es sencilla: si no quieres pagar o no tienes dinero, no llames a la puerta de nadie…porque quizá te dan con la puerta en las narices.