El periodismo contra las pseudociencias

El periodismo contra las pseudociencias
El periodismo contra las pseudociencias

Abrazar un árbol o beber lejía diluida en agua no previene ni cura el cáncer, ni otras enfermedades. Presuntas terapias, o más bien majaderías como las descritas en la frase anterior, son algunas de las que forman parte de una larga lista de peligrosas falsas ciencias que, alegremente, vienen siendo distribuidas como “terapias” por falsos médicos en multitud de soportes, muy especialmente en Internet. Las redes telemáticas se han convertido en un caldo de cultivo perfecto para las falsas terapias y las pseudociencias, que crecen como la espuma, en ocasiones con la ayuda del falso o mal periodismo.

El cáncer es una cruel enfermedad de causas muy diversas. Si realmente fuera tan fácil prevenir o curar el cáncer como beber agua con bicarbonato y limón, no se invertirían ingentes cantidades de dinero en investigación para luchar contra una enfermedad que, teorías de la conspiración aparte, tiene en pie de guerra a toda la comunidad científica mundial. Ni siquiera la ciencia médica puede prometer la curación de todos los tipos de cáncer con las técnicas ya verificadas, por lo tanto no es de recibo conceder ni un ápice de credibilidad a las falsas terapias de prevención o curación.

En fechas muy recientes, las alarmas saltaron en Barcelona a causa del polémico congreso titulado “Un mundo sin cáncer. Lo que tu médico no te está contando”. En este congreso participaron como ponentes Txumari Alfaro, Josep Pàmies, y la propia organizadora del congreso, Coco March, entre otros. La Generalitat, a instancias del Colegio de Médicos de Barcelona, ha abierto un expediente sancionador porque en el congreso se expusieron técnicas sin rigor científico, e incluso se llegó a afirmar que para curar el cáncer…no hay que hacer nada.

El mayor peligro de este avance de las pseudociencias aplicadas al ámbito de la salud es que muchas personas, movidas por una comprensible desesperación, se pueden dejar engatusar por los chamanes de la superchería y abandonar sus tratamientos médicos por prácticas que no tienen ninguna validez científica. Esos falsos tratamientos pueden hacer empeorar la salud o incluso causar la muerte. También hay que considerar el daño económico y moral hacia los pacientes y sus familias, porque algunas de estas falsas terapias no son precisamente baratas.

Periodismo, publicidad y falsas terapias

Los soportes mediáticos, más que el periodismo, han jugado un papel clave durante demasiados años en la difusión de las falsas terapias y las pseudociencias. Medios de comunicación de todo tipo han tenido siempre programas o secciones dedicadas a los ovnis, los espíritus y, en mayor o menor medida, también se da voz a “terapeutas” que dicen prevenir o curar tal o cual enfermedad con alguna hierba o aparato de su invención.

En los casos más graves, hay medios de comunicación que dedican espacios completos a estas pseudociencias. En otros casos las falsas terapias se abren paso en los espacios pagados como publicidad, donde la responsabilidad debe recaer siempre exclusivamente en el anunciante y, con la etiqueta “Publicidad” esto debería poner en alerta al receptor del mensaje para cuestionar su veracidad.

Pero cuando los medios dan voz en las noticias a los falsos gurús de la salud, es cuando se debe abrir la batalla del periodismo contra las pseudociencias y a favor de la medicina reglada y contrastada. El periodismo es una profesión de servicio público y la defensa de la Salud Pública forma parte de esa misión de búsqueda y difusión de la verdad.

“A mí me funciona”: testimonios sin valor científico

Las secciones de “testimonios” o los consabidos ataques contra la ciencia médica contrastada basados en frases como “a mí me funciona”, carecen de validez al no haber pasado el proceso de la investigación científica normalizada. El rigor en las fuentes, por lo tanto, afecta de forma crucial al periodismo cuando se dan por buenas, casi como axiomas, las valoraciones subjetivas de una persona no cualificada que emite juicios sobre terapias de salud.

En salud, sin embargo, la objetividad se puede medir porque existe un proceso científico que valida los resultados para cada terapia médica. Es ahí donde debemos ir como periodistas, a comprobar el proceso objetivo y medible que la ciencia, y no la opinión subjetiva de un individuo, ha puesto a nuestra disposición.

En muchas ocasiones, el “a mí me funciona” se origina en el efecto placebo. En otras, se trata simplemente de mentiras o manipulaciones de los vendedores del producto milagro o de sus familiares, amigos o adeptos. En cualquier caso, el “a mí me funciona” debe utilizarse en periodismo con mucho cuidado, seleccionando los testimonios con más rigor para evitar dar pábulo a supercherías ampliamente refutadas por la ciencia.

Hagamos periodismo del bueno y luchemos contra las pseudociencias que ponen en peligro la salud humana.