Las voces confusas

cantabria diario fotografias082-La figura del periodista es cada vez más necesaria para contrastar, priorizar y categorizar la ingente información disponible

Internet es, por encima de todo, un maravilloso mercado global de las ideas. Desde la red se ofrecen cada vez más ventanas abiertas, más canales. Una persona, un internauta, un canal.

Si respetamos el enunciado anterior (una persona, un internauta, un canal) tenemos como lógico resultado un gran problema de ruido. En la vida real sucede de forma similar cuando en un bar hay docenas de personas hablando a la vez, o cuando nos llega un rumor o una noticia que ha pasado ya por varias personas, es muy probable que la versión original no tenga nada que ver con la versión que nos llega, interpretada varias veces.

Millones de voces y millones de canales dan como resultado una enorme confusión, con la difusión de equivocaciones, malinterpretaciones, datos erróneos, falsas informaciones y caos. Pero, sobre todo, confusión y saturación.

En este contexto nos resulta tremendamente difícil categorizar la información por su credibilidad, importancia o pertinencia. Nos resulta muy difícil llevar a cabo ese proceso de filtrado por nosotros mismos. Es ahí donde entra la figura del periodista, no tanto como productor mecánico de noticias elaboradas de forma presuntamente profesional (hay de todo, como en botica), sino como figura capaz de aplicar un criterio para filtrar y ordenar la gran cantidad de información existente. Separar el trigo de la paja.

Al multiplicarse los emisores y los editores de información -profesionales o no- se corre el riesgo de pensar que estamos cada vez mejor informados, cuando en realidad lo que recibimos son más impactos, en cantidad, de temas vistos e interpretados por distintos emisores, pero no siempre eso equivale a una mayor calidad.

Necesitamos, por lo tanto aclarar la confusión que nos puede crear muchas voces hablando a la vez. Necesitamos, quizá, unos segundos de reflexión para valorar cada tema, el emisor, la relevancia y la credibilidad, para decidir con cuál de las versiones presentadas como verdad nos quedamos.

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