Disrupción tecnológica y reducción de los salarios a meros niveles de subsistencia

(C) David Laguillo - Disrupción tecnológica y reducción de los salarios a meros niveles de subsistencia
(C) David Laguillo – Disrupción tecnológica y reducción de los salarios a meros niveles de subsistencia

El periodista Esteban Hernández ha publicado en “El Confidencial” un excelente artículo analítico en el que se describe, como pocas veces se ha visto con tanta claridad, la negativa forma en la que las empresas englobadas en la “disrupción tecnológica” afectan al empleo.

Esta situación es mucho más que una desigual lucha entre los taxistas por un lado, y “apps” como UBER y CABIFY por otro: el fondo de la batalla tiene raíces muy profundas, como explica Hernández. Cuando se acumula poder (y las empresas tecnológicas tienen mucho poder) las normas sociales, los estándares sobre el empleo, afectan mucho menos.

Hernández apunta que las empresas tecnológicas “cuentan con el dinero y la influencia política suficientes para que la ley les respalde, para modificar precios y salarios, e incluso para determinar la suerte de regiones enteras”.

“No se trata únicamente del sector del taxi: hay nuevos modelos de negocio que se están implantando globalmente y cuya utilidad social es puesta en entredicho. Y con razón”, sentencia Hernández, que usa como telón de fondo el conflicto de los taxis para analizar con mayor detalle los efectos de la disrupción tecnológica sobre el empleo.

La lista de empresas tecnológicas que hablan de “colaboradores” en vez de “trabajadores” es larga: desde UBER hasta Amazon, esa nomenclatura, casi una aplicación maléfica de la “neolengua”, sustituye al trabajador con derechos por falsos autónomos, esto es, trabajadores dependientes y precarios. Además, en el fondo se esconde un discurso cínico y manipulador en el que, con la libertad por bandera, se aniquilan los derechos laborales adquiridos durante años. Si la empresa tecnológica impone horarios, vestimenta, modos de trabajo e incluso precios, no existe tal libertad y se puede hablar de una clara relación laboral, en la que el trabajador es siempre el eslabón más débil de la cadena.

La huelga de los taxis es mucho más que la huelga de los taxis: si 50 personas que trabajan en una “app” (o robots) pueden repercutir en el trabajo que antes hacían, pongamos por ejemplo, cientos de miles de personas, está bastante claro que tenemos un grave problema de índole social y de dimensión mundial.

En realidad, no se trata de negarse a las innovaciones tecnológicas: se trata de obligar a las empresas tecnológicas a competir en igualdad de condiciones dentro de cada mercado, sobre todo en lo relativo a la fiscalidad, a los impactos sociales y a los costes laborales. Para evitar nuevos modelos de precariedad laboral, casi esclavitud, en estos tiempos de incertidumbre digital.