Más buitres que «Business Angels»

Más buitres que «Business Angels» - Foto: (C) David Laguillo
Más buitres que «Business Angels» – Foto: (C) David Laguillo

En el año 2016 me dejé timar intelectualmente por un par de listos que contactaron conmigo a través de Linkedin. No me pasa muchas veces, por suerte, pero creo que esta historia sí merece la pena de ser contada ahora, porque vivimos un momento en el que la gente está empezando a abrir los ojos ante tanto vendedor de humo digital.

Reconozco que, a buena fe, les abrí la puerta porque uno de ellos venía disfrazado de “Business Angel”, plagado de medallitas y de MBA y, gracias a su imagen de aparente seriedad, cometí el error de confiar y ceder una parte de mi sabiduría en un determinado segmento de negocio. Nunca pensé que se aprovecharían de mis conocimientos, que abusarían de mi tiempo y que, al final, yo no vería ni un solo euro.

Así, seducido por los encantos de sirena de un presunto “Business Angel” me vi envuelto en la tarea de asesorar a una persona que quería lanzar un banco de imágenes sin tener ni la más remota idea del complejo y competitivo negocio de la fotografía de archivo. Esa persona había comprado un (horrible) nombre de dominio, y había instalado una plantilla prediseñada para vender recursos gráficos. De esa forma tan precaria, aquella mujer pretendía hacer la competencia a cualificados gigantes como Adobe Stock (antes Fotolia, empresa en la que trabajé durante diez años) Shutterstock y Getty/iStock.

A petición suya elaboré un extenso informe, en inglés, en el que describí las múltiples carencias del pobre negocio que había lanzado la mujer para competir en un mercado tan duro, y además creé una estrategia de éxito que debía ser aplicada gracias a mi profundo conocimiento del negocio. Me pidió una rebaja en mis honorarios y, pese a que considero que un asesoramiento experto tiene un valor monetario difícil de rebajar, hice un pequeño ajuste pero nunca más volví a saber de ella, lo cual me llevó a pensar que jamás tuvo la intención de pagar nada. Ella desapareció como “lágrimas en la lluvia”, igual que en Blade Runner.

Pasado un tiempo, un día volví a entrar en Linkedin y vi un post del ínclito “impulsor de negocios” que llamó a mi puerta. Confieso que, pese al tiempo transcurrido, no me pude aguantar dejarle un comentario al “Business Angel” quien, lejos de disculparse por la situación generada, se ofendió, me borró de Linkedin (donde me había agregado él) y, no contento con eso, me envió un correo electrónico exigiendo mis disculpas, que obviamente no obtuvo pero sí una oportuna y argumentada respuesta a su inapropiado email.

Sirva este pequeño artículo de aviso a navegantes, cuya moraleja es que gracias a esa desagradable experiencia aprendí a ser más desconfiado, a no regalar ni mis conocimientos ni mi experiencia, y a no dejarme embaucar por cantos de sirena de presuntos “Business Angels” que, a veces, son más buitres que ángeles.