El impacto de la revolución digital

La irrupción de lo digital como nuevo medio y fuente para casi cualquier disciplina no ha tardado en acarrear problemas para muchos sectores y profesiones. Por un lado, el ya muy conocido debate sobre la propiedad intelectual y las descargas, con las industrias musicales y cinematográficas como grandes perjudicadas y en una guerra abierta contra un nuevo escenario comercial.

En fotografía, ejemplos como Fotolia (www.fotolia.com), y otros, demuestran con claridad cómo puede llegar a cambiar totalmente un mercado profesional concreto tras la irrupción de una ‘masa social’ mucho más amplia, y heterogénea, que aporta un enorme flujo de producto (imágenes en diferentes formatos) a un mercado que presenta una demanda estable frente a una oferta en aumento constante. En esa situación, se plantea un escenario en el que cualquier persona se convierte en suministrador de un determinado producto que antes sólo ofrecían los profesionales a tiempo completo de esa especialidad.

En el periodismo también hay convulsión por culpa de Internet. La crisis de la prensa escrita acelera el cierre de muchas ediciones impresas en papel, que se vuelcan directamente en la Red. Pero en la red deben convivir con un escenario heterogéneo, formado por otras fuentes digitales distintas, como son los blogs, Twitter, Facebook, y también en menor medida los foros digitales. Es un gran error por parte de los imperios mediáticos despreciar el poder que cualquier otra publicación en Internet tiene -ya sea una publicación personal o de otra empresa- para quitarle lectores a su edición digital, y disminuir también influencia social e ideológica de la publicación digital realizada por el imperio mediático tradicional.

Sin embargo, en muchas ocasiones, el lector de Internet puede conceder más valor a simples -y vulgares, según los casos- comentarios escritos en cualquier página de Internet, en lugar de a las publicaciones digitales realizadas por profesionales, pese a ser un grave error de concepto que puede llevar a interpretaciones tremendamente erróneas de la realidad informativa. El lector, por una mala interpretación de la ‘empatía’, puede conceder más valor a los comentarios realizados por otro lector a quien puede ver como ‘un igual’, pero muchas veces olvida que ese otro ‘lector’ puede ser alguien muy mal informado o incluso con intenciones de mentir o desinformar.

No saber adaptarse al nuevo escenario, en todas las profesiones afectadas, lo único que puede traer son consecuencias negativas y el hecho de quedarse fuera de la especialidad. Sin embargo, hay que reivindicar la profesionalidad, para que siga teniendo su justa importancia y relevancia la información realizada por profesionales, y no el vulgar cotilleo.

Deja un comentario