Nostalgia de la película fotográfica

A estas alturas, cuando ya llevamos mucho tiempo, quizá demasiado, con la fotografía digital habiendo ganado la batalla, llevo ya varios días sintiendo nostalgia de la película fotográfica y la fotografía analógica tradicional.
Cada día le descubro nuevos fallos y problemas al sistema digital: incompatibilidades, falta de unidad y de sistemas estandarizados, errores extraños en las cámaras, errores extraños en los objetivos, errores en los programas, etc.
Nunca jamás una de las múltiples cámaras que he podido usar, con su tradicional película cargada, me dio tantos problemas como las cámaras digitales actuales. Errores de comunicación entre la cámara y el objetivo, errores de lectura o escritura de las tarjetas, y muchos otros errores más, cada uno más pintoresco que el anterior.
Es cierto que, cuando todo funciona bien en la fotografía digital, es muchísimo más cómoda, limpia y sobre todo adaptada a los sistemas de trabajo actuales. Pero por desgracia no siempre todo funciona bien. Son muchos los factores que juegan y muchas veces fallando solamente uno de ellos, empiezan los graves problemas.
Lo más grave para un fotógrafo, en un reportaje periodístico o evento, es que la cámara no funcione y no te permita hacer fotografías. Eso nunca me pasó con las diversas cámaras analógicas -mientras tuviera suficiente película y batería, la cámara funcionaba siempre-, pero sí me ha sucedido, en varias ocasiones, con equipos digitales, por una u otra causa.
Además, otro factor resulta desconcertante: da la sensación de que la fotografía digital nos ha convertido a los fotógrafos más en informáticos o una extensión del ordenador que en fotógrafos.
Todo esto lleva a un sentimiento de añoranza nostálgica hacia la fotografía analógica de película, y su rudimentaria, pero probada, eficacia. Y cierto toque de romanticismo, también nostálgico, en el proceso de revelado y positivado.

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