Se hacen más fotos, pero cada vez hay menos fotógrafos

La explosión de la tecnología digital en fotografía ha traído como consecuencia que cada vez se hacen muchas más fotografías, con cualquier dispositivo. Miles, millones de imágenes nuevas cada segundo, porque casi cualquier dispositivo tecnológico moderno trae incorporada una cámara. Quizá en un futuro veamos cámaras en las cafeteras o en las lavadoras, quién sabe.

Pero lo cierto es que aunque se hagan más y más fotos, cada vez hay menos fotógrafos de verdad. Lo que hay ahora son hordas de personas con dispositivos de captura de imágenes pero sin ningún conocimiento técnico, ni “saber hacer”, ni gusto estético.

Y presionan una y otra vez el disparador de su dispositivo. Algo curioso es que estas personas, he visto muchos, siempre hacen sus fotografías pensando en el procesado posterior. “Está desenfocada, ya lo arreglaré luego”, dicen muchos. Piensan que un programa informático puede arreglar todos los errores que ellos han cometido a la hora de tomar una imagen mal encuadrada, mal enfocada, mal expuesta o carente de interés.

Eso está muy lejos de ser buena fotografía. La fotografía puede servir para muchas cosas, incluyendo la documentación sentimental familiar, en forma de álbum de familia, pero también y por encima de todo es un arte de comunicación y composición, de transmisión de sensaciones, mezcla de técnica y sensibilidad. No es y nunca fue una disciplina puramente técnica, sino que el fotógrafo necesita, además de conocimientos técnicos básicos o avanzados, saber interactuar con el entorno y plasmar sensaciones o sentimientos en la imagen para que el espectador pueda percibir la belleza de la imagen.

Por lo tanto, aunque en todo el mundo cada vez se toman más y más fotografías, parece que cada vez hay menos fotógrafos de verdad, que son aquellos que sienten pasión por el arte fotográfico y miman sus imágenes.

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