Espurios modelos de negocio editorial

– Proliferan las «editoriales» que cargan todos los gastos al autor

Espurios modelos de negocio editorial
Espurios modelos de negocio editorial

Después de bastantes años navegando en las turbulentas aguas del mundo editorial, he conocido a varios pintorescos personajes. Personas que, sin duda, hacen que el viaje sea más interesante, más enriquecedor.

Pero en este momento creo que la situación del sector se puede calificar como catastrófica. Después de los «personajes», han aparecido los «listos»: los que se aprovechan de cualquier incauto para sacarle el dinero, directa o indirectamente.

Como causa o consecuencia, a esta situación de caos también se suma la revolución digital, que ha sacudido los cimientos de muchos sectores. El negocio editorial es uno de los más dañados, en buena medida por la piratería. Para cualquier escritor, hoy en día es muy fácil publicar sin recurrir a ninguna editorial pero, para ser realistas, el acceso a un mercado masivo todavía está en manos de las editoriales. Y ahí tenemos modelos de editoriales tradicionales, coedición y autoedición.

– El proceso de edición y corrección de las obras es, muchas veces, inexistente

¿Por qué han proliferado tanto las «falsas editoriales», o los modelos de negocio editorial que se podrían catalogar como espurios? Desde mi punto de vista, esta pregunta se responde desde la habitual lentitud de las editoriales tradicionales. Hay que comprender que las editoriales tradicionales están saturadas de propuestas. Pero un escritor que no quiere esperar a enviar su manuscrito a varias editoriales para ver si alguna se digna a contestar, hoy en día puede editar la obra por su cuenta (autoedición), o a través de una de estas otras “editoriales” (coedición, en sus diferentes modelos).

Y la pregunta sobre la proliferación constante de este tipo de negocios, también se responde al analizar la forma de seleccionar los proyectos que editan las editoriales tradicionales. Hoy, las editoriales tradicionales van a lo seguro: se centran en los títulos que producen grandes ventas, e inundan librerías y centros comerciales con títulos de muy baja calidad literaria, pero con gran retorno comercial. Famosos, políticos y presentadores de televisión copan los proyectos de las grandes editoriales, con poco espacio para otros nuevos autores. Las pequeñas editoriales sobreviven como pueden, en pequeños rincones que les dejan libres, en un segmento de mercado tan interesante como económicamente residual.

En las grandes editoriales tradicionales, lo habitual es que la empresa paga una cantidad económica al autor en concepto de adelanto de derechos de autor. Pero en algunos nuevos modelos del negocio editorial, todo eso se ha roto: han llegado las “granjas editoriales” al asalto para rascar el bolsillo de los autores y, a cambio, no hacen prácticamente ninguna tarea de edición, corrección, y nula o escasa distribución.

Hay excepciones, por supuesto. Incluso existen editoriales tradicionales que, para lograr su propia supervivencia económica, han optado por abrir una línea de “autoedición”. Y me consta que, en esos casos, la obra se mima igual que si fuera una selección hecha por la editorial, y el trabajo con el autor es verdaderamente editorial, aunque el autor tenga que correr con algunos de los gastos.

– Se edita cualquier cosa de cualquiera que pague

El mayor problema radica en que muchas de las malas “editoriales” que trabajan con este modelo de negocio, se centran únicamente en la rentabilidad y están muy alejadas de la literatura. La línea entre la decepción y el engaño es muy fina, y sin duda son hábiles a la hora de manejarse entre ambos conceptos.

Así, nos encontramos con el hecho de que proliferan como las setas las «editoriales» que cobran todos los procesos al autor, e incluso se dedican, de forma muy activa, a «captar» autores. Rastrean la red, envían miles de correos electrónicos y realizan llamadas telefónicas a potenciales “autores-cliente” como si fueran comerciales de compañías telefónicas en lugar de editores de verdad. No son editoriales de verdad: son granjas de autores, fábricas.

En este espurio modelo de negocio editorial, la selección brilla por su ausencia: se edita cualquier cosa de cualquiera que pague. Ese es el único criterio. Y, todavía peor, el proceso de edición y corrección de las obras es, muchas veces, inexistente.

Y tengo pruebas de lo que afirmo: he recibido libros infames editados por varias de estas empresas dedicadas a publicar libros como churros, ejemplares que han terminado directamente en la basura.

Libros plagados de faltas de ortografía, sin corregir, de temas sin interés y estructura incoherente, que nadie, es obvio, se ha molestado en editar. No se molestan en revisar ni editar nada porque el negocio, que es facturar al autor y convertirlo en cliente en vez de escritor, ya está hecho.

Otras “editoriales” proveen servicios gratis, pero desorbitados precios de venta del libro

Hay otro modelo de negocio, que desde mi punto de vista es todavía incluso más nocivo que el anterior. Cientos de académicos, periodistas y expertos en diversas materias han recibido mensajes de correo electrónico de empresas como Editorial Académica Española (EAE) o Lap Lambert Academic Publishing, entre otras muchas empresas dedicadas al mismo modelo de negocio.

En este modelo de negocio, todo es gratis para el autor. No cobran al autor por publicar su tesis doctoral o su libro, y la empresa “diseña” de forma gratuita y pone a la venta el ejemplar, con el preceptivo International Standard Book Number también gratis para el autor. Entonces, si todo es gratis: ¿dónde está el truco?.

El truco está en dos factores, el precio de venta y los derechos de las obras. En cuanto al precio: libros de poco más de 50 páginas pueden llegar a costar hasta 90 euros a la venta o incluso más, en impresión bajo demanda. Un precio absolutamente desorbitado.

En cuanto a los derechos, la citada editorial alemana ya protagonizó alguna polémica por los duros y deliberadamente ambiguos términos de sus contratos para hacerse con los derechos de las obras publicadas, aunque parece que ese detalle se ha ido matizando por las quejas.

Más todavía: el hecho de publicar en una de estas plataformas que inflan tanto los precios de venta de la obra, no añade nada de prestigio al autor. Muy al contrario, varias universidades han renegado públicamente del “peculiar” modelo de negocio de Lap Lambert / EAE / Omniscriptum, lo cual demuestra muy a las claras que esta forma de publicar no aporta nada positivo para los autores, pese a su gratuidad. Como un regalo envenenado.

Se dice últimamente que, cuando algo es gratis, lo que está en venta eres tú. Y a veces es una gran verdad. ¿Qué nos deparará el futuro? Mientras seguimos inmersos en la tormenta, es difícil vaticinar lo que puede suceder con muchos de estos espurios modelos de negocio editorial, aunque creo firmemente que muchos de ellos irán cayendo más pronto que tarde.